A los 34 años, he cambiado de dirección. Aunque en mi vida me he mudado varias veces (3 en los últimos 2 años) La última ha sido la más brutal: Me mudé de país, de continente, de zona horaria, de vida.
Cuando mi chico y yo nos conocimos y decidimos que queríamos recorrer el camino juntos, lo primero fue aceptar que veníamos de lugares diferentes y que de cierta forma siempre tendríamos las mentes y los corazones divididos. Con el tiempo entendimos que no era una división, por el contrario, él ya no podía vivir sin comer ceviche y yo celebraba cada vez que nos llegaba un paquete de jamón ibérico, éramos una suma.
Nos conocimos en Perú. Él de Madrid, yo de Lima. Vivíamos bien, muy bien… y si esperan que en esta parte del relato aparezca el ¨pero¨,pues no existe, simplemente sucedió que apareció en nuestras conversaciones el: ¿Y qué pasaría si…?
Dos maletas y un avión después, aquí estamos, aquí estoy.
A los 34 años, me he mudado, una vez más. A los 34, estoy iniciando de cero, y no me da miedo, todo es un nuevo aprendizaje. Estoy en un país con el que compartimos idioma, pero no el mismo lenguaje. Este país me ha recibido, con un verano incandescente y amigos con quienes tomar unas cañas o echarse largas partidas de juegos de mesa (o las dos cosas juntas), pero además me recibe con nuevas formas de ver las cosas, miles de temas de conversación y muchas preguntas por resolver.
Me queda mucho por aprender y recorrer, muchos metros que tomar, y mucho frío (The Winter is coming) Y sobre todo, me queda llenarme de historias para contar.
Escrito el 13 de Octubre del 2016



