Hiperémesis Gravídica, una historia en 3 tiempos:

  1. Es normal 

Hace algunos años, Victor y yo vivíamos en Lima, llevábamos una vida relajada y divertida, eramos muy felices, tanto así que queríamos compartirlo y decidimos tener una familia más grande.Era momento de tener un cachorrito.

Nos dijeron que el camino para conseguirlo sería largo pero para sorpresa de los dos, y sobre todo mía, sucedió de inmediato: Una mañana desperté como si el techo de la habitación se me viniera encima y la cama me expulsó de un salto.

Un test y una visita al médico después,estaba confirmado, tenía un bichito creciendo en la tripa. Felicidad.

Tuvimos que apresurar ir a ver al médico porque teníamos billetes a Cuba, yo soñaba con ese viaje y no pensaba cancelarlo.

Cambiaría mi sueño de tomarme un potente mojito en la playa, pero el de recorrer las calles de La Habana no era negociable.

Cuento lo de Cuba porque nunca olvidaré lo hermosa que es, pero sobre todo no olvidaré la tarde que pasé vomitando, tumbada en el suelo rosado del baño de un hotel, un hotel que parecía el decorado de una escena de Scarface. Ya veía a Tony Montana entrar por la puerta del baño y decirme que me despegue del water que él tenía que mear.

En fín, los siguientes días no podía comer ni oler nada, la comida me parecía desastrosa y sólo quería subirme al avión y llegar a casa para comer algo que no me hiciera sufrir. No fue así.

Al llegar a casa sólo fue más de lo mismo, así que decidí ir al médico. La respuesta fue: Estás embarazada, es normal.

Y sí, todas las referencias de embarazo nos suelen hablar de unas nauseas matutinas, de mareos y que todo eso se va pronto.

Con esa idea volví a casa, pero no desapareció, por el contrario todo fue a peor.

A partir de ahí, vivía en el baño, no podía  ni beber agua, bajé  tanto de peso que me daba miedo mirarme al espejo, me repetía una y otra vez `es normal, estás embarazada´ hasta que dejó de ser normal y decidí ir una vez más al hospital.

Me ingresaron por deshidratación, pasé la noche en la clínica y a la mañana siguiente me sentía genial.

El médico de guardia se sorprendió por haberme recuperado tan rápido y pidió una eco. Ya no estaba embarazada.

Esa misma tarde, luego de una intervención, volví a casa, vacía.

Nunca me dieron una razón, sólo me repetían como mantra que a veces las cosas suceden así y que la naturaleza así lo había decidido.

Me repetí esto una y otra vez como para intentar creérmelo.

Aquí no voy a hablar sobre la pérdida ni la tristeza que se te queda en el cuerpo, eso será otro día.

2. No tan normal

Años después, en otro escenario y otra vida, Víctor y yo nos volvimos a sentir felices y con muchas ganas de compartir nuestra vida.

Buscamos el momento ideal y esta vez con menos sorpresa, también tardamos poco en descubrirlo: estábamos embarazados, otra vez.

Las primeras semanas fueron muy buenas, salía a caminar, al cine, incluso recuerdo comer una hamburguesa que me sabía a gloria. Pero la dicha no duró mucho y como si fuese un guión escrito a propósito, estaba yo de vacaciones, tumbada en el baño de un hotel, esta vez en Cantabria, vomitando la comida, la cena y las tripas enteras.

La diferencia fue que esta vez no esperé a escuchar otra vez el sermón de `es normal´ volví a casa de inmediato haciendo escala en Urgencias.

La revisión duró poco y el diagnóstico rápido: Hiperémesis gravídica.

Hiperémesis gravídica, algo tan extraño como suena, es la presencia severa de vómitos durante el embarazo. 

No hay una respuesta concreta a qué lo causa pero se cree que es por el aumento elevado de hormonas que se produce durante la gestación. 

Pasé por urgencias una,dos, tres veces. Cada vez más desgastada,con menos ánimo,con poca información y con mucha culpa.

Desgastada porque los días se hacían eternos sin poder comer y lo poco que ingería lo devolvía con mucho esfuerzo y dolor.Algunos días llegué a vomitar más de 15 veces, los iba marcando en una libreta como quien cuenta los días que le quedan para ser libre.

Esto te va quitando las fuerzas, el ánimo, te cuestionas muchas cosas, incluso el poder continuar.

Me pasaba las madrugadas sin poder dormir y  buscando información, pero además de encontrar la definición técnica de lo que es la HG no había mayor investigación sobre el tema. Lo que sí encontré fueron algunos testimonios de mujeres que al igual que yo iban buscando consuelo en historias y experiencias como las suyas, buscando alguna fórmula para menguar el malestar, o simplemente buscando sentirse arropadas. Es muy complicado lograr empatía con algo que no se conoce. Creo que sólo quienes lo han vivido y las personas que nos han acompañado pueden tener cierta idea de lo que es vivir un embarazo con Hiperémesis: Imagina tu peor resaca, multiplicarla por 10 y vívela como si fuera el día de la marmota, sin saber cuando va a terminar.

Al final, no puedes evitar sentir culpa, culpa por no poder alimentarte de la forma saludable que se supone debes hacerlo para que tu hijo se desarrolle, culpa por sentirte débil, por tomar medicinas para sentirte bien, por desear que todo termine. 

Cada visita a urgencias venía acompañada de un chute de medicación que me hacía sentir mejor, pero por poco tiempo.

La cuarta vez que fui al médico, cuando ya no podía más, me dijeron que pesaba 10 kilos menos que cuando empezó mi embarazo y que era momento de ingresarme. Tenía miedo que se repitiera la historia pero sabía que sería lo mejor.

Estuve en el hospital casi una semana, me controlaron y cuidaron. Me sentía bien.

Llegó el momento del alta y de hacer la eco. Ahí estaba, un bichito de 14 semanas, tan fuerte que pegó un salto para saludarnos. El comentario de la doctora fue: Algo que salta así está muy sano. Yo sólo podía sonreír.

3. ¿Cúando se acaba esto?

La teoría dice que por lo general la HG dura en promedio hasta la semana 16, pero al parecer eso de teorías y promedios no va conmigo, así que pasé las siguientes semanas igual, aunque con más ánimo y con muchas ganas de ver mi tripa crecer.

Los vómitos diarios fueron bajando de 15 a 10,7, 3, hasta llegar el séptimo mes y vomitar un par de veces por día. 

Poco a poco fui encontrando la forma de llevarlo, descubriendo qué alimentos toleraba más y cuáles eran menos molestos al momento de echarlos.

(Por algún motivo que jamás podré explicar podía comer una whopper sin vomitar)

Empieza a crecer mi tripa y las cosas van `tomando forma´.

Llegó el mes 8 y me sentía muy bien, dispuesta a menear mis curvas por las calles de Madrid. Pero otra vez ese que escribe el guión de mi vida se ríe y me manda una pandemia mundial.

¡Vaya!

Pasé las últimas semanas del embarazo en casa, ya casi sin resaca, con otras preocupaciones que merecen un capítulo aparte, pero también con muchas ganas de conocer a ese chico que en una eco5d me sonrió.

El 23 de abril nos conocimos. Llegó a este loco mundo con los ojos super abiertos, como si no se quisiera perder ningún detalle. Se enganchó a mi pecho y desde entonces no nos soltamos.

Como mi parto fue en pleno confinamiento no hubo visitas alborotando la habitación, por el contrario, en la tranquilidad de la noche, pudimos abrazar a nuestro cachorro, y yo , además pude abrazar un gran bocadillo de jamón.

Yo, cuando por fin pude comer.