Unai juega en el salón de casa, escucha unas llaves en la puerta, se abren sus orejas y se le encienden los ojos. Suelta el cuento que tiene en las manos, me mira esperando a que le pregunte ¿Quién ha llegado? Pone las palmas de sus manos en el suelo, arrastra sus rodillas una detrás de la otra, atraviesa el salón, recorre el pasillo, llega a la puerta, se detiene, mira hacia arriba y ahí está: ¡Víctor!
Ambos se miran y pegan un grito a modo de saludo. Unai desesperado por que lo levante en brazos, Victor desesperado por levantarlo.
Unai se sienta, celebra que papá está en casa, espera ese abrazo y se pregunta: ¿Ya? Aún no.
Victor, mientras lo saluda y habla con él, se quita la mascarilla, los zapatos, deja la mochila, las llaves, cuelga la ropa, se limpia las manos.
¿Ya? Aún no
Papá ha estado con mucha gente en el trabajo y tiene que ducharse. Puto Covid.
Unai traslada el lugar de la espera, se muda de la entrada de casa a la entrada del baño.
Victor, con la puerta abierta,sigue hablando con él, le pregunta sobre qué tal el día, si ya ha comido. Unai se ríe.
Victor en la ducha, Unai en mis brazos, esperando.
Como cada día le explico porqué tiene que esperar, repasando cada uno de los pasos hasta llegar a ese abrazo.
Él tiene 10 meses pero su rostro parece que también dice ‘Puto Covid’
Al fin papá ha salido de la ducha.
¿Ya? Sí, ahora sí.
Ya está en sus brazos. No se sueltan.
Unai esperó desde que escuchó las llaves en la puerta, Victor esperó desde que salió esta mañana de casa. Por fin se mezclan entre abrazos y abracitos.
Mañana será otro día, se lo volveré a explicar y el siguiente también, así hasta el día que los abrazos ya no tengan que esperar.
Pd: Puto Covid.





Pilar Lozano
Más lágrimas…puto COVID!